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La moralidad calvinista elevada al cubo pervive de una manera muy acusada en la sociedad estadounidense. Desde el ámbito educativo, donde el simple hecho de copiar en un examen o plagiar un trabajo puede suponer la expulsión inmediata del estudiante, hasta por supuesto, el público. Ejemplos sobrados hay en el mundo de la política, si bien aquí la moral siempre ha sido más laxa y a veces basta con una simple disculpa para echar los pelillos a la mar. A Clinton, sin ir más lejos, le montaron un pollo por mentir; lo de las mamadas en el despacho oval fue la excusa, él dijo que no se habían producido para, después, reconocer que sí ante toda la nación y enfrentarse a un proceso de impeachment del que salió reforzado como pocos. Hay quien dice que nada gusta más al público americano que una historia de redención. Sin embargo, no siempre funciona. Entre los políticos que han pagado cara la mentira sigue reinando Nixon, pero también, más cercano a nosotros, el generalísimo Colin Powell a quien no le quedó más remedio que decir adiós a una prometedora carrera política tras dejarse convencer por el delirio bélico del trío Rumsfeld-Cheney-Wolfowitz en la búsqueda de unas armas de destrucción masiva en Irak que, aunque nunca se encontraron del todo, sirvieron para justificar la última gran cagada bélica estadounidense. Es todavía hoy difícil de olvidar su actuación ante las Naciones Unidas sosteniendo un frasquito con un polvo blanco como única prueba de unas armas que, al menos en aquel momento, no lo eran.

En pocos sitios se tolera tan poco la mentira como en el periodismo. Uno puede entender la propaganda, ahí está la FOX con su maquinaria siempre engrasada, aunque sea para decir que Birmingham es una ciudad tomada por las hordas musulmanas o que Barack Obama es musulmán. Pero lo que no se tolera es la mentira. Por eso, al contar historias, los medios americanos (al menos los más prestigiosos) cuentan en sus redacciones con unas figuras casi mitológicas en los tiempos que corren, los fact checkers. Hombrecillos grises dedicados única y exclusivamente a comprobar la veracidad de los datos y hasta de las fuentes (y sus palabras) que los redactores meten en sus crónicas. Legendarios especímenes de este tipo son los de publicaciones como The New York Times o The New Yorker.

Ello no implica que no se produzcan errores. Legendario es el hiperestudiado caso de Janet Cooke y su reportaje “El mundo de Jimmy”, publicado el 28 de septiembre de 1980 en The Washington Post. Tan conocido como el caso de Cooke aunque menos dañino fue el de Jayson Blair en The New York Times en 2003. La moraleja es siempre la misma: si te cogen te vas a la calle. Y en este país es muy probable que acaben por cogerte.

Ha ocurrido con uno de los periodistas estrella de EEUU, pongamos, el Matías Prats estadounidense, Brian Williams. Este hombre se colaba todas las noches en las casas de los estadounidenses en las noticias nacionales de la NBC, The Nightly News. Así durante veinte años ininterrumpidos, un auténtica institución cuya credibilidad ha caído por los suelos desde que admitiera, la semana pasada, haber como mínimo “exagerado” algunas de sus correrías como reportero; especialmente una: afirmar a finales del pasado enero que su helicóptero fue alcanzado por fuego enemigo durante la guerra de Irak, algo que nadie recordaba y que, a las pocas horas, fue desmentido por parte de algunos soldados que sí iban en un helicóptero que, esta vez en verdad, sí fue alcanzado por fuego enemigo. Williams, quien es el padre de una de las chicas de la serie Girls, no tuvo más remedio que reconocer su “incomprensible lapsus” y, ante el revuelo, decidió tomarse “un descanso”. Bum. Nada peor que mentir, y más, si eres EL PERIODISTA estadounidense. La cadena ha anunciado esta misma semana que lo suspende durante seis mese. Y lo hizo en un comunicado que sorprendió por su dureza: “Brian ha puesto en peligro la confianza que millones de estadounidenses han depositado en NBC News”, señaló Steve Burke, director ejecutivo de NBC. “Sus acciones son inexcusables e inapropiadas, y esta suspensión es severa y apropiada. Como director y presentador de Nightly News, Brian tiene la responsabilidad de ser veraz y mantener los más altos estándares informativos de forma permanente”.

Ahí queda eso, Sergio Martín.

Cabe la posibilidad de que nadie recuerde esto en unos meses. También, que en unos meses la cosa sea todavía pero. Todo el trabajo de Williams ha sido puesto en cuarentena y la cadena ha abierto una investigación interna. Nada gusta más en el periodismo yanqui que buscar cadáveres escondidos.

La pregunta ahora es si Williams volverá en algún momento. Por dos razones: una, lo que hizo está mal pero tampoco ha sido como lo de Cooke; y dos, compungido, como gusta en EEUU, salió en antena para pedir disculpas y reconocer su “error”.

Cuando lo vi, no me quedó más remedio que acordarme de Urdaci y de tantos otros que campan por nuestras televisiones y que han hecho de la mentira, de manera mucho más grave, una forma de vida. Y no miro a nadie, Alfonso Rojo.

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En las pasadas elecciones Midterm arrasaron los republicanos. Aaron Schock, un joven (con 33 años es el tercer representante más joven en el House) y ferviente miembro del GOP renovó su escaño por el 18º distrito de Illinois. Para celebrarlo, a Schock, con pinta evolucionado miembro de las Nuevas Generaciones del PP español si estos decidieran dejar las camisas azules, los jerseys lisos y las pulseritas rojigualdas de terraza veraniega en el puerto deportivo de Sanxenxo, no se le ha ocurrido otra cosa que renovar su despacho a cargo del bolsillo de sus contribuyentes. Y lo ha hecho siguiendo un estilo patricio como pocos, el de la popular serie de televisión Downton Abbey, en concreto el conocido salón rojo. Él lo niega, claro. Y dice que, en cualquier caso, pagará todo de su bolsillo. Como todos.

El problema es que el tal Schock no es nuevo en estas lides. Según informaciones publicadas en el diario USA Today entre finales de 2009 y principios de 2010, Schock se fue de juerga a costa de los contribuyentes y acabó pasando una factura de 79.061 dólares en compra de muebles y otros 21.000 para rehacer el parqué de la oficina, entre otros gastos. Ahora, el comité de Ética del Congreso ha abierto una investigación. Esto no sería tan sangrante si no coincidiera con dos situaciones: en primer lugar, Schock es republicano y, como tal, uno de esos políticos que viven para repetir lo caro que le sale al contribuyente el Congreso y por eso hay que recortar impuestos, especialmente a los ricos. En segundo lugar, los caprichos de un ferviente neoliberal como Schock coinciden con su país experimentando un índice de desigualdad de hecho peor que en la época post-Eduardiana retratada en la popular serie británica.

Y en España, hay quien habla de la existencia de una “casta”.

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El actual alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, y sus rivales, Jesus "Chuy" Garcia, Comisionado del Condado de Cook, Bob Fioretti, concejal de distrito y los empresarios Willie Wilson, William "Dock" Walls. (Brian Cassella, Chicago Tribune)

El actual alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, y sus rivales, Jesus “Chuy” Garcia, Comisionado del Condado de Cook, Bob Fioretti, concejal de distrito y los empresarios Willie Wilson, William “Dock” Walls. (Brian Cassella, Chicago Tribune)

El día 24 de este mes hay elecciones a la alcaldía de Chicago. Hay cinco candidatos, ninguno republicano más allá de las ínfulas de nuevo rico que se da uno de ellos, Bob Fioretti. El actual regidor, Ramm Emanuel, antiguo jefe de Gabinete de Barack Obama, parte como claro favorito. La mayor parte de los medios de la ciudad lo apoyan, incluido el Chicago Tribune. Encabeza las encuestas y, lo más importante, la recaudación. En EE.UU. la política no es gratis y el Estado no la sufraga. Básicamente, si uno quiere ser político ya puede prepararse a disponer de una buena chequera y a besar muchos culos. Culos de muy variada condición pero con el mismo objetivo: que te suelten pasta para la campaña a cambio, claro está de devolverla en forma de favores. En eso Emanuel lleva una gran ventaja a sus rivales. Se dice que el actual regidor ha recaudado más de 11 millones de dólares por los 3 que ha conseguido su inmediato perseguidor, el hispano Chuy García. Si la pasta es una señal, y casi siempre veces lo es, ya sabemos quién será el próximo alcalde.

Lo que más llama la atención de unas elecciones en EE.UU. es que, comparado con España, no parece que en dos semanas vayan los habitantes de la ciudad a pasar por las urnas. Casi no hay carteles electorales y los actos se organizan más bien siguiendo el sistema de boca a boca, nada de grandes mítines. Unos pocos anuncios televisivos en las cadenas locales y poco más. Y debates. El martes pasado en la cadena pública hubo uno y el miércoles otro. Esta semana van unos cuantos. Vi el del martes pasado y me llamó la atención una cosa: en un momento dado, el presentador del debate, sentado frente a cuatro de los candidatos se dirigió a “Chuy” García en estos términos:

-“A usted le acusan de estar demasiado cerca del sindicato de profesores, ¿qué tiene que decir?”

“Chuy” García, actual comisionado del Condado de Cook, es más un activista vecinal que un político profesional. Es cierto que está muy implicado en asuntos educativos en su barrio, La Villita, y, a decir verdad, el hecho mismo que sea candidato es un accidente. Quien iba a enfrentarse a Emanuel era Karen Lewis, presidenta, esta sí, del sindicato de profesores de Chicago. De 61 años, con gran carisma, afroamericana y judía. Pero unas semanas antes de iniciarse la carrera electoral, a Lewis le diagnosticaron un agresivo tumor cerebral. Inmediatamente le pidió a García, de 58 años e hispano emigrado de México, que tomase el testigo. Él dijo sí. Los hispanos de la ciudad lo conocen y, por supuesto, los profesores. Obviamente tiene su apoyo. Y no por falta de razones. Emanuel se ha pasado toda la legislatura atacando al colectivo de educadores que le han montado varias huelgas tras la decisión del regidor de cerrar hasta 50 escuelas, todas ellas, por supuesto, en barrios pobres.

Me hubiera gustado que el presentador le hubiera hecho la misma pregunta al alcalde:

-“A usted le acusan de estar demasiado cerca de las grandes empresas y las grandes fortunas de la ciudad que son quienes financian su campaña, ¿qué tiene que decir?”

Por supuesto, no hubo tal pregunta. La única diferencia es que aquí, por el momento, Venezuela no financia ninguna candidatura política. Pero cualquiera diría que los profesores son acaso más peligrosos que los propios chavistas.

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La ciudad se despertó el miércoles en shock. El pasado agosto, un equipo de niños, el Jackie Robinson West, con la totalidad de sus jugadores afroamericanos procedentes del pobre y violento South Side de Chicago se proclamó campeón nacional de la liga infantil de béisbol. Una historia de las que gustan a los americanos. De superación contra las adversidades. Y de final feliz con el campeonato en casa. Los críos, de entre 10 y 12 años, fueron recibidos por la ciudad como auténticos héroes. Desfilaron por el downtown de la Ciudad y acabaron en una gran fiesta en el Millenium Park, los acompañó el acalde. Se habló incluso de que el mismisimo Barack Obama podría recibirlos en la Casa Blanca, no en vano, Obama es un producto político del South Side.

Pero el jueves todo estalló por los aires. La organización del torneo decidió desposeer de su título al Jackie Robinson West, la razón argüida fue simple: hicieron trampas. Los entrenadores habían reclutado para el equipo a niños procedentes de otras demarcaciones educativas. Es decir, un problema de límites. Si un jugador vive en X calle de la ciudad solo puede jugar en el equipo X. Tras una larga investigación llevada a cabo por la denuncia del entrenador de un equipo rival, la liga determinó ayer que en el  Jackie Robinson West, digamos ese equipo X, habia jugadores que vivían en calles Y. drama. Una trampa contra las normas. Un drama.

Una trampa hecha por los adultos que ahora pagan los críos que no entienden por qué, después de seis meses, la burocracia deportiva le quita lo conseguido en el diamante. Y ahora, como tramposos, son unos apestados. Pero ojo. Aquí nada es gratuito y hay quien, como Jessie Jackson, se apresuró a sacar la carta de la raza. Hay que recordar que el equipo al que los críos del Jackie Robinson West derrotaron en la final estaba compuesto casi en su totalidad por críos blancos.

Como siempre, el color, sigue pesando. Y sean cuales fueran las verdaderas razones, acaba por teñirlo todo.

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Obama ha pedido al Congreso que autorice nuevas misiones contra el denominado Estado Islámico. En concreto ha pedido dinero, 1.000 millones de dólares, y cobertura política por lo que pueda pasar. Su demanda, que se extendería por un periodo de tres años, incluye la posibilidad de que tropas estadounidenses participen en misiones de combate, pero no de forma permanente. Botas en el terreno. Con las heridas de Afganistán e Irak sin cicatrizar, EE.UU. quiere volver a la guerra. Lo malo de apuntarse a a las batallas pasadas basándose en mentiras, es que cuando sale una causa justa como es la de frenar al Estado Islámico todo es mucho más difícil. El drama de Obama es ir a destiempo y tener que recoger los platos que rompieron otros.

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Otra cosa no, pero nadie podrá negar que el presidente yanqui es el político más cool de la historia. Lo ha vuelto a hacer. Esta vez para promocionar entre el público más joven la adquisición de una póliza de seguro médico, algo que en algunos estados (como Illinois) y gracias al Obamacare ya es obligatorio por ley.

El mensaje al final es sencillo pero directo. “YOLO”, dice el presidente. “You Only Live Once”. Sólo se vive una vez.

Si tienen dudas, comparen el vídeo anterior con este. Y a Obama con Mariano.

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