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Martiño Noriega (i),junto a Xosé Manuel Beiras en una imagen del pasado julio. EFE/Xoan Rey

Martiño Noriega (i),junto a Xosé Manuel Beiras en una imagen del pasado julio. EFE/Xoan Rey

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Martiño Noriega representa un vínculo con un pasado que muchos creían olvidado tras décadas de gobiernos del PPdeG y que, pese a sus altibajos (el último el 28 de mayo), sigue siendo en mi país una máquina de fabricar votantes. Como muestra de este vínculo son las palabras de su discurso de investidura en el que sobresalieron dos referencias: la primera a las Marías, las hermanas Maruja y Corelia Fandiño, represaliadas y hoy convertidas en icono pop de una ciudad luminosa en espíritu que llevaba años sumida en una neblina que bajó con los últimos gobiernos del PSdeG de Bugallo y acabó por cegarnos a todos durante la surrealista legislatura del PPdeG.

La segunda referencia de Noriega fue Ánxel Casal, último alcalde republicano de la capital gallega. Detenido el 4 de agosto de 1936, su cuerpo fue encontrado días más tarde en una cuneta de la que hoy es la carretera de Cacheiras, precisamente la que une a Santiago con Teo. El lugar está marcado hoy con un monolito en el que siempre hay flores frescas. Casal pasó sus últimas horas en los antiguos calabozos de Raxoi, en los bajos del Pazo. En una ironía del destino, una más en un país donde la ironía se llama retranca y más que un recurso literario es una filosofía para enfrentar la vida, Martiño Noriega y sus concejales escogieron la escalinata que daba a los antiguos calabozos de Raxoi para acceder al Obradoiro. Ochenta años después, Compostela vuelve a tener un alcalde nacionalista, republicano y de izquierdas. Como dicen en mi país, non era sen tempo.

Está el pasado, pero también el nuevo regidor supone una clara mirada al futuro de un país que parece haber (re)descubierto que la política sirve para algo. Pese a las apariencias y la leyenda negra que atribuye a Galicia un carácter conservador es hora de recordar hoy que el cambio que ayer llegó a las instituciones comenzó allí a dar sus primeros pasos. En las elecciones autonómicas de 2012, en la que AGE, una “primera marea” encabezada por Xosé Manuel Beiras ―de nuevo Beiras―, y con Martiño Noriega en un destacado segundo plano, formada por ex miembros del BNG a los que se unieron EU (IU en Galicia) y otras formaciones izquierdistas, sorprendió a propios y extraños al conseguir entrar con fuerza en el Parlamento Gallego desbancando al BNG como principal referencia en el ámbito de la izquierda alternativa más o menos nacionalista. Aquella campaña de AGE, pequeña, cercana y repleta de ilusión, en la que llegó a participar el propio Pablo Iglesias como asesor, supuso la prueba de que el experimento de las hoy llamadas plataformas ciudadanas podía dar sus frutos. Fue Galicia, entonces como ahora, vanguardia. (…)

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