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Vivo en una ciudad segregada racialmente. La más segregada de todo EE.UU. Diversa y segregada porque diversidad y segregación son cosas muy diferentes. El 33% de su población es negra no hispana, el 32% se define como blanca no hispana mientras que los hispanos son ya el 29%. El mapa da cuenta de esta diversidad demográfica. Y también de una segregación de facto que, sobre el terreno, denota desigualdad. Es cierto que hay muchos Chicago pero fundamentalmente se dividen en dos: North Side y South Side. Cuando salgo de mi vecindario, en ocasiones, me olvido de que vivo en la segunda ciudad de EE.UU. ―la “más americana”, decía Norman Mailer―, y, por el estado de las carreteras, me pregunto quién nos habrá bombardeado la noche anterior.

Ir al norte de Chicago es hacerlo no ya a otra ciudad sino a otro país. Mejores infraestructuras, supermercados, bares y restaurantes de moda. Y una población inmensamente blanca que se tiñe (hispanos y afroamericanos) cuanto más hacia el oeste, lo que se traduce también en mayor criminalidad. En los barrios blancos, los camareros son blancos pero los que recogen las mesas suelen ser hispanos. Los afroamericanos brillan por su ausencia. Son esos detalles en los que casi nadie repara, y si lo hace, solo cabe encogerse de hombros.

(…)

Hyde Park es una isla porque está rodeada de tierra por todas partes menos por una, el este, donde el límite es el Lago Michigan. Limita al norte con la 47, al sur con la 61 y al oeste con Cottage Grove Ave. Más allá de estos muros invisibles, como dicen los folletos de la universidad, la policía no puede garantizar la seguridad de los estudiantes. Una especie de “beyond the Wall, wilderness”. Washington Park, al oeste, con el 97% de población afroamericana, y Woodlawn, al sur, con el 87%. Ambas son zonas de criminalidad alta (no las peores), guetos.

La mayoría de mis amigos (blancos) viven en el norte de la ciudad. Soy yo siempre el que para salir a cenar o tomar algo pongo rumbo al norte. Me suelen recibir con la misma pregunta:

―¿Qué tal Hyde Park? Es agradable, ¿verdad?

A veces tengo la sensación de que mis amigos creen que vivo en París, un lugar lejano y hermoso, conocido de oídas. Va a hacer un año que vivo en Hyde Park y me han visitado una vez.

Cuando dije que iba a vivir en Hyde Park, también hubo chistes:

―Bueno, si hay disturbios raciales, mejor que sepas nadar.

Seguir leyendo Los restos de Jim Crow en ctxt.

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