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Donald Trump // Reuters/Dominick Reuter

Donald Trump // Reuters/Dominick Reuter

Una de las anécdotas que mejor definen al personaje se remonta a la década de los ochenta, cuando andaba enfangado en Nueva York en la construcción de una de sus famosas Torres Trump. En constante enfrentamiento con el entonces alcalde de la ciudad, Ed Koch, de acuerdo con la biografía escrita por el periodista Wayne Barrett, Trump llegó a amenazar a un funcionario municipal que le había denegado un permiso en los siguientes términos: “No sé si puedes cambiar de opinión o no. Pero quiero que sepas que soy una persona muy rica y muy poderosa en esta ciudad y hay una razón por la que es así. Nunca olvidaré lo que me has hecho”. Sea como fuere, Trump, por supuesto, acabó levantandosu famoso rascacielos en 1986, mientras que aquel funcionario acabó dejando la Administración local y pasó a engrosar la plantilla de Industrias Trump.

Donald Trump (Nueva York, 1946) es cualquier cosa menos una incógnita. Y no lo es porque el magnate se ha ocupado durante décadas de airear los detalles de su vida y milagros, lo que le ha reportado también un considerable beneficio económico. Trump es una figura familiar para los estadounidenses. Lleva tres décadas sin desaprovechar ni un segundo de protagonismo ya sea en televisión o en portadas de icónicas publicaciones bon-vivant. Durante 14 temporadas, Trump ha presentado un reality show en horario de prime-time en la cadena NBC, The Apprentice. Casi década y media de presencia ininterrumpida en las pantallas son muchos años. Una serie histórica como Urgencias se mantuvo quince en antena mientras que una de las sitcom más recordadas, Seinfeld,finalizó tras su novena temporada. Las relaciones entre Trump y la NBC no pasan por su mejor momento desde que el año pasado, convertido en precandidato, comenzara con sus ataques racistas contra los hispanos. La cadena rompió lazos con Trump pero decidió renovar su show, ya transformado en The Celebrity Apprentice, para una decimoquinta temporada y con Arnold Schwarzenegger en labores de anfitrión.

Esa popularidad le ha llevado a amagar con una aventura presidencial en otras ocasiones. Crítico feroz con el presidente Obama ―fue el adalid de la conspiración nativista, lo que provocó incluso que su Administración hiciera público el certificado de nacimiento del presidente―, amenazó con enfrentarse a él en 2012 pero ha sido ahora cuando finalmente ha decidido tirarse al barro. Por lo tanto, no, Trump no ha sido una sorpresa.

Sí es más problemático dilucidar cómo hemos llegado aquí y quiénes son sus seguidores.

Aquí es que el hombre del tupé irredento y la verborrea indomable se ha plantado ante los electores estadounidenses con verdaderas posibilidades de convertirse en el candidato del Partido Republicano a la Casa Blanca en los comicios del próximo noviembre. Lo que al principio parecía una buena idea (para los que ven la política como espectáculo, y la estadounidense lo es), incluso un motivo de diversión, ha acabado convertido en una realidad incómoda para casi todos, menos para unos fieles que se dicen irredentos.

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